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¡No me digas, Teodoro!
Una bitácora dirigida a desentrañar si los editoriales de Teodoro Petkoff en el diario TalCual son de una forzada objetividad, de un cinismo descarado o sencillamente son una guachafita

viernes, febrero 03, 2006

¡Comenzó la campaña!
En su editorial sobre el séptimo aniversario de la presidencia de Chávez, Teodoro critica cosa que, por obvias, no pueden dejar de reseñarse.


Se trata de la crítica muy severa a la gestión del actual gobierno, pero de forma indirecta. Las deficiencias enumeradas por el editorialista son ciertas y causadas (o emperoradas, después de heredarlas de la Cuarta, etc.) por la actual administración, pero más allá de su mención se describen las supuestas causas (y las supuestas soluciones). Una descripción que va más allá de explicar lo que está ocurriendo con este gobierno, una descripción, a nuestro parecer, que perfila un programa.


"[Una] desigualdad [entre ricos y pobres] que clama a Dios", "Tenemos la peor distribución del ingreso de toda América Latina", "No arrancan desde una misma "gatera" en la carrera de la vida los ricos y los pobres", "Para construir un país de igualdad y justicia es necesario que la gente tenga un trabajo digno, una educación digna y una seguridad social digna".


Obviamente, según Teodoro, quien tiene que suministrar todo eso es el Estado. La excepción que confirma la regla es el tema del empleo: "[Lograr] eso requiere crear fuentes de trabajo, alentando la inversión que genera empleo". Del resto se infiere o se declara que es el Estado, a través del gobierno de turno, quien debe encargarse de eso. (Aunque, claro, estrictamente hablando, que un gobierno "aliente" la inversión privada de hecho es una injerencia en la creación de empleos.)


Desmontar el sustrato socialista o socialdemócrata (de "izquierda buena") del editorial va más allá de los objetivos de esta bitácora. Sólo queda volver a destacar que el editorial parece una propuesta más que una crítica. ¿Suenan vientos de campaña presidencial?



7 años de fracaso
Teodoro Petkoff
Tal Cual


Ser rico es malo, dice Chávez. Peor es ser pobre, dice el sentido común. Cuando mucha riqueza en un lado anda junta con mucha pobreza del otro lado de una sociedad, existe una desigualdad que clama a Dios. Existe una enorme injusticia, que, lógicamente, se ensaña con los pobres, no con los ricos. Eso es lo que ocurre hoy en nuestro país. La diferencia entre los que más ganan y los que menos ingresos tienen se ha ensanchado aún más en este período de gobierno. El abismo que separa a los más ricos de los más pobres se ha vuelto insondable. Tenemos la peor distribución del ingreso de toda América Latina. La desigualdad social se ha acentuado durante la "revolución bonita", que hoy, casualmente, cumple siete años. Los siete años de un gran fracaso, que coinciden con los de mayores ingresos que haya conocido este país en toda su historia.


Ni siquiera ese Salón de Belleza, con su sala de maquillaje, en que se ha transformado el Instituto Nacional de Estadística puede disimular esta realidad espantosa. La beca de las misiones, equivalente a la mitad del salario mínimo (unos 200 mil bolívares), sin duda que ha mejorado relativamente el ingreso de los más pobres; porque para quien no tiene nada eso ya es una ayuda, pero los negocios lícitos e ilícitos que se están haciendo hoy al calor de la bonanza petrolera han incrementado hasta alturas siderales los ya elevados ingresos de los más ricos, entre los cuales se cuenta hoy una nueva capa de multimillonarios, bolivarianos, sí, pero por los bolívares.


La desigualdad creciente impide la igualdad de oportunidades. No arrancan desde una misma "gatera" en la carrera de la vida los ricos y los pobres. Estos lo hacen desde mucho más atrás y la desventaja de su condición les da menos años de escolaridad, mucha menos preparación y destrezas para el trabajo, mucha menor formación para el disfrute de los bienes espirituales de la vida, peor nutrición, y los coloca en un hábitat que es la negación misma de la vida civilizada. No son iguales las oportunidades para un muchacho que vive en Carapita que para el que lo hace en La Castellana. El gran fracaso de este gobierno es que en siete años ha hecho un país aún más desigual que el que encontró, en el cual son aún menores las oportunidades para los más humildes y desamparados.


Para construir un país de igualdad y justicia es necesario que la gente tenga un trabajo digno, una educación digna y una seguridad social digna. Eso requiere crear fuentes de trabajo, alentando la inversión que genera empleo, en lugar de destruirlas, como se ha hecho a lo largo de estos siete años. Eso requiere énfasis en la educación preescolar y en la primaria, eso exige calidad de primera en los educadores, y una programación para que ningún niño quede fuera del preescolar y de la primaria. Allí están los niños de la calle como terrible testimonio del fracaso. Todo el mundo debe contar con una seguridad social que garantice pensiones de retiro dignas y equitativas. Siete años en mora tiene el gobierno con la protección social. Es un fracaso indigno de un gobierno que se dice de avanzada social.


Siete años eran más que suficientes para haber avanzado en todos estos aspectos. Eso lo han logrado otros países. Nosotros hemos retrocedido. Fracaso es el nombre del juego.

Descarga de Klaus Meyer a las 11:46 a. m.


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