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Una bitácora dirigida a desentrañar si los editoriales de Teodoro Petkoff en el diario TalCual son de una forzada objetividad, de un cinismo descarado o sencillamente son una guachafita
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jueves, septiembre 29, 2005
Simón y Teo
A Simón Boccanegra aparentemente le toca recoger los ejemplares del New York Times (NYT) que Teodoro Petkoff olvida en su escritorio, por eso apreciamos el periclitaje de lugares comunes tan frecuente en sus "mini-crónicas". Para hacer honor a la brevedad de su escrito, trataremos de imitarlo en eso.
Aparentemente que todo se haya basado "en una mentira y un manipulación" no le importó a los electores de Bush y Blair, pues eso se supo antes de sus respectivas reelecciones. Ahora bien, ¿mentira y manipulación? Nunca escuchamos a Boccanegra hacer referencia a los convoys que cruzaron la frontera de Irak a Siria previa a la invasión, ¿llevaban armas químicas? ¿Le interesa a Simón? Por otro lado, nuestro mini-cronistra aparentemente sólo se lee los titulares y no le interesa ahondar en los informes entregados por los inspectores post-invasión. De ser así se habría enterado que Irak, de seguir bajo mandato de Sadam Husein, estaba capacitado para reiniciar su programa de armas químicas en tres meses, apenas su compinche Kofi Annan levantara las sanciones económicas. Pero claro, eso no apareció en el NYT, y Simón no pudo leerlo. (Tarea: Averiguar en qué consiste la resolución 1441 de la ONU --por favor, no lo busques en el NYT) Respecto a Blair, la postración de los conservadores, de existir, se debe a que no tienen nada mejor que ofrecer que él, que está tomando las medidas económicas que se esperaría tomasen sus oponentes. Y en todo caso, si Blair es tan impopular como afirma Boccanegra, tal supuesta postración no explica su reelección hace apenas cuatro meses. Simón, ¿has oído hablar de los blogs? Descarga de Klaus Meyer a las 5:10 p. m. ![]() ![]() lunes, septiembre 26, 2005
El "Super-anti-Bush"
Podría pensarse que Teodoro está en campaña electoral y como a fin de cuentas y en fondo su programa no se diferenciaría mucho del de Chávez su punto fuerte (aparte de decir que él no sería autoritario) se basa en ser más chavista que Chávez. Si Chávez expropia por cualquier tontería, entonces Teodoro también lo haría pero "según manda la Constitución", sin importar la inanidad del "justificativo" para la expropiación. Si Chávez es "anti-bush", pues Teodoro es el "super-anti-Bush". En su editorial con motivo del segundo aniversario de la invasión de Irak, el director de TalCual se hizo eco de un informe poco menos que fraudulento (ver aquí) donde se afirmaba que la guerra de Irak había producido 100.000 muertes de civiles (un informe de la ONU daría luego una cifra más conservadora, totalmente alejada de esa); valga lo anterior para puntualizar que el "anti-bushismo" teodoriano es autónomo. Pero cuando cierto personaje se le adelanta, entonces él tiene que demostrar que "más anti-Bush soy yo" y comienza un retahila de "reproches" que nos hace pensar que depende mucho de su memoria y de un mal equipo de asistentes.
En su editorial Bush Damnificado podemos apreciar todo esto. Una justificada oleada de indignación recorre a los Estados Unidos. Los más importantes diarios de ese país han editorializado dura y críticamente tanto sobre la negligencia previa del gobierno de Bush como sobre su respuesta tardía. Personalidades de los más diversos signos, desde artistas e intelectuales liberales hasta gente del Partido Republicano, no han escatimado punzantes observaciones sobre la aplastante incompetencia del gobierno federal.
No es para menos. Ahora se ha sabido que diversas organizaciones científicas, incluyendo el cuerpo de ingenieros del Ejército, habían alertado sobre la fragilidad de los diques (construidos en 1927), apuntando que cualquier huracán por encima de fuerza 3 ocasionaría un desastre. Katrina fue superior a 3 y ya se vieron las consecuencias. Cuando los especialistas solicitaron 14 mil millones de dólares para emprender los trabajos en los diques, Bush, característicamente, respondió que el gobierno no tenía ese dinero porque la guerra en Irak exige demasiado recursos (¡!). Dio sólo 714 millones de dólares, con lo cual resultó imposible hacer nada. Un país que ya de manera mayoritaria considera que la invasión a Irak fue una aventura injustificable, reclama horrorizado tamaña inversión de prioridades y valores.
De paso, Estados Unidos ha descubierto su propio Tercer Mundo. Nueva Orleáns es una ciudad poblada principalmente por negros, azotados por la pobreza extrema y por un desempleo que en ciertas áreas de la ciudad alcanza al 39% de la población adulta. Alguien dijo que si la tragedia hubiera sido en Miami o Galveston, el gobierno no habría reaccionado con tanta lentitud, pero que tratándose de negros, no mostró inicialmente la diligencia necesaria.
Como siempre, la televisión hizo de las suyas. Blancos corriendo eran presentados como ciudadanos que huían de la catástrofe; negros corriendo eran saqueadores. El desastre en Nueva Orleáns ha puesto de manifiesto cuánto falta aún para terminar de superar la brutal fractura racial y social que divide a la sociedad norteamericana.
Desde luego, la actitud del gobierno de Bush ha afrentado a la comunidad afroamericana y a la Norteamérica liberal y progresista. Bush, cuya popularidad ya se encuentra por debajo del 50% y que confronta los inicios de un movimiento pacifista que desde su rancho de Texas lo anda persiguiendo donde quiera que va, exigiendo el regreso de las tropas, seguramente rodará ahora con mayor velocidad por el tobogán del descrédito. Su gran país se siente sin liderazgo.
Descarga de Klaus Meyer a las 12:37 p. m. ![]() ![]() miércoles, septiembre 14, 2005
Más Congestión
Viniendo de alguien que piensa que el destino de latinoamérica es elegir la izquierda "buena" de entre las "Dos Izquierdas" existentes, no deberíamos asombrarnos que Teodoro Petkoff apoye, en su editorial de hoy las expropiaciones basándose en la supuesta "función social de la propiedad", pero sinceramente hoy se fue de palo.
La ocupación militar de las plantas de Heinz y Polar obliga a unas puntualizaciones.
Al margen de una discusión de fondo sobre el tema de la cogestión y de su viabilidad, lo cierto del caso es que el gobierno ha expresado su intención de utilizar empresas industriales cerradas y fuera de servicio, por quiebra o por cualquier otra razón, para llevar a cabo experiencias cogestionarias, asociándose el Estado con los trabajadores (y en algunos casos, como el de Mishkin, en Tinaquillo, con los propios empresarios), con el fin de crear empleo y recuperar el tejido industrial, desarrollando nuevas formas de organización económica.
Para tal fin (repetimos, sin pronunciarnos sobre la viabilidad del proyecto), el gobierno puede, de acuerdo con la legislación vigente y previo pronunciamiento de un juez, expropiar empresas quebradas, indemnizando adecuadamente a sus propietarios. Lo que no puede es confiscarlas, arrebatándolas por la fuerza, a sus dueños. La Constitución garantiza el derecho de propiedad y si bien no puede obviarse, de acuerdo con ello, la llamada ?función social de la propiedad? (ya establecida anteriormente tanto en la Constitución adeca del 47 como en la consensual del 61), tampoco se puede anular el principio constitucional sobre el derecho de propiedad privada.
[...] 4) Dentro de este orden de ideas, son diferentes los casos de empresas cerradas a los de empresas en plena producción. Una cosa es la ocupación de Heinz, cuyas instalaciones están fuera de servicio y cuya intervención (aparte del efecto negativo que produce la violación de la ley por parte del gobierno) no afecta en lo inmediato el proceso productivo, y otra muy distinta la de Polar, planta en plena producción, cuya intervención paraliza las actividades productivas y configura un caso de pura y simple arbitrariedad y un atropello al derecho constitucional de propiedad.
5) Más allá de lo estrictamente legal y constitucional, en el plano político-económico, este tipo de actuaciones, de un ultraizquierdismo infantil (para no pensar que existan otras motivaciones, propias de Al Capone, sobre las cuales ruedan rumores inquietantes), apuntan a un mayor debilitamiento de la actividad económica y a una caída aún mayor de la inversión productiva, con las terribles consecuencias sociales, en términos de desempleo y empobrecimiento, que ello comporta. Una cosa es la ley y otra el bochinche.
Descarga de Klaus Meyer a las 3:09 p. m. ![]() ![]() |
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